by Fernando Cruz Bello on 25 agosto 2010
in análisis

Fritz Walter es uno de esos jugadores que pertenecen a la prehistoria del fútbol, de cuando los elementos (lluvia, frío, nieve) eran un elemento más del juego y no una excusa. Walter fue un jugador de club en el más amplio sentido de la palabra; durante 20 años (1939-1959) defendió la camiseta del FC Kaiserlautern y de ningún otro club más. Pero sobre todo es conocido por ser uno de los héroes de la final del mundial de 1954.
Ese mundial supuso para Alemania (salvando todas las distancias lógicas de la diferencia de épocas), algo parecido a lo que el mundial de Sudáfrica representó para España: Orgullo como país. En una situación delicada, Alemania salía como perdedora de la II Guerra Mundial en la que el propio Walter había participado y había sido hecho prisionero por los rusos. Se enfrentaba a Hungría; la mejor selección de la época y Alemania ganó, en lo que para los alemanes a partir de entonces fue conocido como el “milagro de Berna“. Ayudando a reconstruir el, por aquel entonces, maltrecho orgullo Alemán.
Pero la historia de Fritz Walter “el hombre que prefería la lluvia” merece ser contada por el gran Enric Gonzalez.
Enlaces de interés:
Artículo de Enric Gonzalez en El País.
Vídeo de la final del mundial de 1954:
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“Historias de Roma” es el nuevo libro de Enric Gonzalez y los asiduos a este blog, ya sabréis que no podía dejar de leerlo. Enric es uno de esos tipos que conviene leer siempre, pero mucho más en tiempos como los que corren, en los que parece que todo el mundo sabe lo que hay que hacer, como hacerlo y en que momento.
Al contrario de las certidumbres de barra de bar y conversación de taxi, de los trazos gruesos; Enric propone, y tomando sus palabras prestadas de su muy recomendable blog: “una mirada oblicua y a ras de suelo sin más tremendismo que el exactamente necesario”.
Como todos sus libros, este el relato personal sobre sus vivencias en una de las ciudades donde ha sido corresponsal extranjero para “El Pais“. Tiene ese tono de modestia, como queriendo restar importancia a todo lo que hace o dice, pero cuando uno acaba el libro tiene esa sensación de placidez, de gusto privado que se te queda después de una buena conversación o de un pequeño momento mágico: Tomar un café en su cafetería favorita o una vista de Roma desde el Castillo de Santa Angelo.
Cuando llega a una nueva ciudad Enric tiene tres tareas básicas que cumplir: elegir casa con su mujer Lola (elige casas muy curiosas y poco practicas), un equipo de futbol al que animar (normalmente un equipo perdedor pero con estilo) y amigos que le ayuden a entender la ciudad. La amistad esta presente en cada página, al fin y al cabo la ciudad, cualquier ciudad, esta hecha de las piedras de los edificios y la carne de las personas que las habita y el repaso quedaría huérfano sin sus gentes y sobre todo sin los amigos que hace en cada ciudad que visita.
Sólo una pequeña queja, el libro ¡¡¡sólo tiene 123 páginas!!, vamos que te lo lees de una sentada. Menos mal que ahora tenemos su blog sobre Israel y Palestina para ir quitándonos el mono hasta el siguiente libro ¿Historias de Jerusalen?
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