Foto de Noël Zia Lee
Los analfabetos del mañana no serán los que no hayan aprendido a leer, sino los que no hayan aprendido a aprender.
– Herbert Gerjuoy, psicólogo
Fuente: Microsiervos
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Foto de Noël Zia Lee
Los analfabetos del mañana no serán los que no hayan aprendido a leer, sino los que no hayan aprendido a aprender.
– Herbert Gerjuoy, psicólogo
Fuente: Microsiervos
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El que siga este blog, sabrá que soy un autentico fan de Enric Gonzalez. Casi siempre me gustan sus artículos, pero hay veces que se supera así mismo y deja pequeñas joyas, con ese estilo suyo tan personal, tan simple, tan de sin darse importancia. El artículo de hoy de El País es un ejemplo:
La televisión, a veces, puede ser educativa. Puede ofrecer lecciones que valen para todos, y muy especialmente para los niños. ¿Qué deberían aprender los chavales? Pues lo mismo que deberíamos aprender los mayores. Que el trabajo tiene mucho que ver con la dignidad, por ejemplo, y que el trabajo nunca es inútil. Y que la prepotencia, en cambio, no es digna y no lleva a ninguna parte. Los niños acabarán aprendiendo, casi siempre por las malas, que los fuertes suelen ganar y los débiles suelen perder. Convendría que tuvieran muy claro, sin embargo, que en algunas ocasiones no es así, y que la historia no está predeterminada, y que el cinismo disminuye el dolor, pero incapacita para el placer.
Suscribo letra por letra, lo que dice. El artículo, mal que me pase, trata de la dolorosa (para mí) derrota del Madrid en Alcorcón por 0-4, tomándola como ejemplo de las lecciones gratis que a veces nos ofrece la vida. Así que tomémoslo como una lección de vida y esperemos que los Jugadores del Madrid sean un poco más sabios desde el martes.
El martes hubo una emisión televisiva que transmitía todos estos valores, y alguno más. Fue el partido Alcorcón-Real Madrid. Incluso los seguidores madridistas comprenden, supongo, que fue un partido hermoso, de los que se recuerdan de por vida. Esos 90 minutos contuvieron lecciones de gran nivel moral, expuestas de la forma más amena. Nadie debería sentirse humillado por lo que ocurrió: el Real Madrid, al fin y al cabo, colaboró en una buena causa. Su derrota ante el Milan fue abyecta. Su derrota ante el Alcorcón fue algo distinto: contribuyó a mejorar la vida de todos, porque es bueno que los poderosos pierdan alguna vez, y es muy bueno que los débiles disfruten alguna vez de un éxito redondo, sonoro, merecido.
El Alcorcón-Real Madrid fue el mejor programa educativo de la temporada. Por desgracia, se emitió fuera del horario infantil.
Amén.
Fuente del artículo: El País
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