Parece que Iñaki Gabilondo deja cuatro, para presentar a un programa en CNN+. No se como interpretar este movimiento, pero por lo que parece las audiencias del informativo que presentaba hasta ahora, no eran las esperadas (no he podido encontrar el dato exacto, por lo que si alguien me lo pudiera facilitar, se lo agradecería).
Esto se produce en un momento muy delicado para el mundo del periodismo, en el que mucha gente pide un esfuerzo al periodismo por ofrecer un producto de mejor calidad. Pues bien el mejor informativo de televisión en España desparece.
Me parece que es una noticia trágica para la salud moral de un país el que la gente prefiera los informativos “light”, casi de variedades que propone Antena 3, en contraposición con la rigurosidad y profundidad que ofrecían los informativos de Iñaki Gabilondo.
Informar no consiste en contar sin más las noticias y aderezarlas con unas cuantas notas graciosas (informativo al uso). Una sociedad moderna, necesita de un periodismo que busque la raíz de las noticias, que informe, pero que también tenga un componente didáctico en la explicación de las causas . Necesitamos en definitiva un peridismo que diga cosas como este artículo de Iñaki Gabilondo:
Es como en la Guerra fría. O con los rusos o con los americanos. Comodísimo. Pasara lo que pasara, fuese cual fuese su complejidad, se tenía a mano un método sencillo y eficaz para tener un punto de vista. Bastaba un acto de alineación y todos los enigmas de la vida pública, nacional o internacional, quedaban resueltos.
En España, además, las circunstancias nos ahorraban reflexiones. Se estaba con el franquismo o contra él. Pues bien, parece que ahí seguimos, incapaces de captar la menor complejidad, no digamos matiz, de cuanto ocurre. Como todos sabemos, hoy tenemos un chupete analítico, una piruleta, unas gafas de colores, para seguir en la infancia mental. PSOE o PP, a eso se reduce todo. Una nueva Guerra fría que nos ayuda a entender y explicar todo lo que pasa. O un nuevo tebeo, con los buenos frente a los malos, siendo los buenos los nuestros. Tan burda simplificación es un insulto a la inteligencia pero ha cuajado en todos los sectores, desde el más conspicuo al más cerril.
Y con esa clave se descifra ya en España todo asunto, por enrevesado que sea. Por eso, repasar la actualidad es llorar. El caso de Aminetu Haidar no es la supuración del irresuelto asunto del Sahara occidental, no tiene apenas que ver con la cerrazón de Marruecos. El caso Haidar es cosa de Moratinos. Si estuviese Aznar, hubiera puesto firmes a Mohamed VI.
Los cooperantes catalanes han sido secuestrados porque España tiene una política exterior vacilante, ha dicho la antaño madura María Dolores de Cospedal. Cuestiones tan enmarañadas como las del Tribunal Constitucional y el Estatuto de Cataluña, tan delicadas como la regulación del aborto o tan difíciles como la energía nuclear, se convierten en puré PSOE o puré PP, que puedan tragar los niños. Si, como decimos, la educación nacional es importante, los principales partidos deberían dar ejemplo. No pueden pretender que, después de traducir todo del español al analfabeto, no se entienda cómo se extiende al analfabetismo real
Pero también necesitamos un periodismo humilde que sea capaz de reconocer sus errores y de reconocer como decían los clásicos que el periodismo es el primer borrador de la historia.
Que Iñaki Gabilondo sea capaz de decir esto de Aznar, habla de la grandeza moral de este periodista:
ETA intentó asesinar a José María Aznar durante la primavera del año 2001. Y lo intentó en tres ocasiones, durante los tres viajes que el entonces presidente del Gobierno giró a Euskadi con motivo de las mas apasionadas y apasionantes elecciones autonómicas.
La detención la semana pasada de Pedro María Olano, acusado de participar en la conspiración, ha sacado a la luz los detalles de aquel triple intento de magnicidio.
El primero, el día 29 de abril, cuando Aznar abría la campaña en el Palacio Euskalduna de Bilbao. El segundo, en el aeropuerto de Fuenterrabia, el día 4 de mayo, cuando se desplazó a Guipúzcoa para el mitin del Kursaal, en San Sebastián. El último, el día 11, en Vitoria, en el cierre de campaña en el polideportivo Sansomendi.
En los tres casos falló el arma homicida, un misil tierra aire “sam-7 strela”, de fabricación rusa, transportable al hombro por una sola persona. La noticia nos inspira, a bote pronto, unas cuantas consideraciones.
La primera, por supuesto, nos lleva a abominar de los terroristas una vez más. Pero, al mismo tiempo, nos permite confirmar la obsesión de ETA por acabar con Aznar, lo que avala la enorme eficacia de la lucha antiterrorista del expresidente. Aznar intentó la paz a través del diálogo, es cierto. Pero mas aún lo es que convirtió en cenizas los lugares comunes que se manejaban -que manejábamos- en esta materia y se lanzó por derecho y sin contemplaciones contra ETA.
Aznar tenía razón. Y aunque algunos tardamos, todos terminamos por reconocérselo. Igualmente, recordando los ocho años transcurridos desde entonces, reconforta comprobar cuánto y con qué acierto han trabajado las Fuerzas de Seguridad del Estado, cuánto se ha debilitado la banda terrorista, y cómo le ha ido fallando el apoyo social.
Finalmente, y en otro orden de cosas, es positivo comprobar cuánto se ha serenado la atmósfera política y social en el País Vasco. En parte, también, porque el PSOE y el PP modificaron la estrategia de aquél entonces.
En ese terreno, Aznar y Mayor Oreja se equivocaban. Patxi López y Basagoiti lo han demostrado. Pero ese es otro capítulo. Lo primero, lo fundamental, es que hoy todos reafirmamos nuestra condena a ETA. Y hoy todos nos congratulamos con Aznar.
Suerte para Iñaki en esta nueva etapa
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