Cuando empecé en el mundo del vídeo hace más de 15 años, las cámaras de vídeo costaban más de 10000€, había que ir con unos enormes y pesados cinturones para las baterías y para hacer un fundido entre dos planos necesitabas una costosisíma edición “AB roll”. Hace unos días me compre un minicámara GoPro y no puedo dejar de pensar en el enorme cambio que ha sufrido la industria del vídeo en este tiempo.
La GoPro es una camarita que ocupa apenas la mitad de una cajetilla de tabaco y es capaz de grabar en alta definición, realizar timelapses, slow motion y lo que es más importante resistir las más duras condiciones de grabación que te puedas imaginar: sumergirla a 60 mts de profundidad, pegarla a un casco de esquí, sujetarla a un coche o todas aquellas situaciones extremas que se te puedan ocurrir, todo ello por un poco menos de 300€.
Eso unido a sitios como Vimeo que te permiten subir videos en alta definición hace que cualquiera con un poco de tiempo (Ah¡ el tiempo) y un poco de imaginación pueda hacer cosas fascinantes, antes reservadas a los “pros”.
Mis primeras impresionaes de la cámara es que es muy sencilla de configurar, apenas tiene opciones, y que vale para cosas muy concretas; pero aquello para lo que esta diseñada, grabar vídeo en condiciones extremas lo ahce realmente bien.
Estas son algunas de mis primeras pruebas con la cámara
Cuando era pequeño, esperaba ansioso que llegase el fin de semana para poder jugar al baloncesto con mi equipo del colegio. Nada era comparable con aquella sensación de equipo, de disfrute colectivo que eran aquellos partidos entre chavales.
Entre semana todavía recorrían por mi cabeza, las imágenes de aquella canasta fallada o aquel pase por la espalda. No jugábamos la copa de Europa, pero nuestra ilusión y nuestro amor por el juego eran formidables. Supongo que para los deportistas profesionales al principio también se trataba de eso, de disfrutar con los amigos Y de sentirse el mas importante del mundo con cada gol o cada canasta. En algún punto del camino hacia la madurez, vamos perdiendo esa ilusión, dejamos de disfrutar y nos convertimos e hinchas de tal o cual equipo; discutimos, nos enfadamos y de vez en cuando disfrutamos de las victorias de nuestro equipo, pero ¿Qué queda de nuestro amor por el juego? De ese disfrute por la competición, de pertenencia a un grupo. Para algunas personas, eso todavía existe, es el caso de Norm Maxwell, un “All Black” que cambió su Nueva Zelanda natal por Galicia. Buscando un poco de pureza en su deporte, tratando de descubrir de nuevo el amor por el juego.
Si como yo de vez en cuando también echas de menos ese sentimiento perdido de la niñez, no deberían perder este documental del gran “Informe Robinson“.
Hay muchas cosas que cambian tu vida, pero nada comparable a ser padre. Hoy hace justo un año, nacía mi primer hijo: Daniel y por mucho que te cuenten, es imposible imaginar toda la cadena de pequeños y grandes cambios que suceden en tu vida a partir de ese instante. Recuerdo la emoción del momento, [...]
Hoop Dreams es un documental que analiza la realidad social de los suburbios de la ciudad de Chicago a través de los sueños y esperanzas que dos chicos: William Gates y Arthur Agee tienen puestos en el mundo del baloncesto
Explicación de los problemas que he tenido con la sociedad pública de alquiler al querer esta última cambiar un contrato que teníamos firmado de manera unilateral
Aviso¡¡¡ este artículo esta lleno de buenas intenciones, si sigues leyéndolo será bajo tu responsabilidad.
Para el 2011 sólo desearos que sigáis teniendo la capacidad de soñar, que todamos aprendamos que en esta época de enormes cambios, el saber escuchar y aprender es la cualidad más importante.