Cuando era pequeño, esperaba ansioso que llegase el fin de semana para poder jugar al baloncesto con mi equipo del colegio. Nada era comparable con aquella sensación de equipo, de disfrute colectivo que eran aquellos partidos entre chavales.
Entre semana todavía recorrían por mi cabeza, las imágenes de aquella canasta fallada o aquel pase por la espalda. No jugábamos la copa de Europa, pero nuestra ilusión y nuestro amor por el juego eran formidables. Supongo que para los deportistas profesionales al principio también se trataba de eso, de disfrutar con los amigos Y de sentirse el mas importante del mundo con cada gol o cada canasta. En algún punto del camino hacia la madurez, vamos perdiendo esa ilusión, dejamos de disfrutar y nos convertimos e hinchas de tal o cual equipo; discutimos, nos enfadamos y de vez en cuando disfrutamos de las victorias de nuestro equipo, pero ¿Qué queda de nuestro amor por el juego? De ese disfrute por la competición, de pertenencia a un grupo. Para algunas personas, eso todavía existe, es el caso de Norm Maxwell, un “All Black” que cambió su Nueva Zelanda natal por Galicia. Buscando un poco de pureza en su deporte, tratando de descubrir de nuevo el amor por el juego.
Si como yo de vez en cuando también echas de menos ese sentimiento perdido de la niñez, no deberían perder este documental del gran “Informe Robinson“.
