LOST: Érase una vez una isla

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Érase una vez una isla que escondía en su interior una intensa y cálida luz. Esa luz era la esencia misma de la vida y por lo tanto de la muerte y la resurrección. La luz necesitaba un guardian que la protegiese de los hombres que accidentalmente llegaban a la isla. A cambio, la luz otorgaba inmensos poderes a sus guardianes; el más importante de ellos era el de crear las reglas de su propio juego.

El trabajo de guardian no era fácil, les convertía en hombres o mujeres desconfiados y solitarios que harían cualquier cosa por proteger la luz. Llevaban su destino tatuado en la piel y no era un destino fácil.

Uno de esos guardianes fue una mujer, tan lista, perspicaz, dura y consciente de su misión como todos los guardianes anteriores. Un día llegó a la isla una mujer embarazada, la guardiana le ayudo a dar a luz pero con el único objetivo de quedarse con su hijo y así educar al nuevo guardian que la sustituyera. Para ese objetivo le sobraba la verdadera madre y como para un guardian su misión es más importante que cualquier vida humana la mató. Pero su plan tuvo un fallo, la mujer no dio a luz a un niño sino a dos; así que tendría que elegir ente ambos quien de ellos sería su sustituto.
Uno era listo, perspicaz, duro, capaz de mentir si la situación lo requería, el otro era blando, bueno, incapaz de mentir y sentía un inmenso amor hacia su madre; desde el principio estuvo claro cual de los dos sería el nuevo guardián. Pero el listo, perspicaz, duro y capaz de mentir resultó también un rebelde cuya única ambición era salir de la isla, para ello no dudó en aliarse con los hombres que también habitaban la isla, para juntos utilizar el poder de la luz para abandonar la isla. Pero la madre despreciaba a los hombres, los consideraba indignos de la luz y que el elegido para sustituirla se aliará con ellos fue demasiado. Mató al resto de hombres y sólo el amor a su hijo le permitió seguir con vida. Pero para su hijo ver sus planes destruidos por una obsesión también fue demasiado, y en un ataque de locura mató a su madre.
La espiral de violencia desatada alcanzó a Jacob, el otro hijo, el manso e incapaz de mentir, aquel que creía que todo el mundo era bueno por naturaleza vio horrorizado aquella escena.
Ahora él era el nuevo guardian y por primera en su vida sintió una dolor tan grande que decidió que la muerte no era un castigo suficiente para su hermano. Recordó las palabras de su madre: “entrar en la cueva que contiene luz es peor que la muerte”; y así, lleno de ira y furia mandó a su hermano a las profundidades de la cueva para inflingirle un daño peor que la muerte.
Convirtió a su hermano en un demonio, pero sobre todo se condenó a si mismo. El que siempre había sido confiado y bueno que creía en la bondad de la gente, había condenado a su hermano por el resto de la enternidad.
Dos hermanos, dos poderes omnimodos que no podían tocarse el uno al otro según había quedado dicho por su madre. Dos extremos condenados a perseguirse, a odiarse pero sin poder hacerse daño directamente. El humo negro se consumía(nunca mejor dicho) en su propio odio buscando la manera de matar a su hermano. Jacob además de proteger la luz, sentía el peso de la culpa por haber convertido a su hermano en un demonio. Una partida infinita jugada a lo largo de los siglos en la que los dos hermanos eran los perdedores infinitos de un juego que no parecía tener final.
Jacob comprendió dos cosas:
  • Tarde o temprano su hermano encontraría la manera de acabar con él
  • La única manera de redimir sus pecados sería a través de su sucesor en el cargo de guardián de la isla
Así que Jacob creó un nuevo juego con sus propias reglas:
  • Buscaría a lo largo del mundo un grupo de personas con el temple suficiente para ser candidatos al puesto de guardián de la isla
  • Les arrancaría de sus vidas normales; así que buscaría solitarios e inadaptados
  • Ante las decisiones tan difíciles que tendrían que tomar en isla, les daría la oportunidad de elegir, casa que el no tuvo
  • Ni el, ni el humo negro, podrían hacerles daño directamente

Confió su destino y el de la isla a ese grupo de “candidatos”. Los observó y los guió a lo largo de sus vidas para prepararlos en sus futuras vivencias en la isla. Pasaron los años y todos esos candidatos, coincidieron en el vuelo 815 de Oceanic, el vuelo que se estrelló en la isla.
Toda su vida anterior: sus miedos, su inteligencia, su moral; les preparó para ese momento. La partida comenzaba y todos sus actos y decisiones decidirían el vencedor de ese combate. Pronto descubrieron que la isla no era un sitio corriente, descubrieron sus extraños poderes, el resto de gente que antes que ellos llegó casualmente o atraídos por el imán de la isla. Tendrían que vivir en situaciones extremas y demostrar su temple como individuos y como grupo. En palabras de Jack, uno de los elegidos:
“Si no podemos vivir juntos, moriremos solos”
Y así lo hicieron: decidieron, vivir, reir, amar y llorar juntos. En este inmeso drama que es la vida, en este combate infinito entre el caos y la fé, las sucesos no se repiten, las decisiones nunca son las mismas todo es un avance.
Este grupo de supervivientes, sin saberlo estaba jugando la partida del destino: por un lado los cínicos, los descreídos y por otro lado el de la esperanza: “Lo hecho, hecho está” pero el futuro siempre nos da una oportunidad de redimirnos de salvar nuestro pasado”
Jack, Hurley, Locke, Kate y el resto de perdidos, decidieron vivir juntos y aceptaron libremente su destino. Al hacerlo redimieron a Jacob de su pecado.
Vivieron juntos y murieron juntos……………porque la verdadera muerte es el olvido, el olvido de tus seres queridos, aquellos con los que has compartido tus vivencias más extremas…
Cuando los “perdidos” iban muriendo, sea lo que sea que signifique eso, iban a un limbo de sus vidas imaginadas, probablemente esa que hubieran tenido si Jacob no los hubiera elegido y allí se iban entrecruzando sus vidas en un presente infinito mientras el resto de perdidos iba llegando tras su vida terrenal. Pero necesitaban encontrarse de verdad ser conscientes de su vida pasada, y así poder encontrase todos juntos y “dejarse ir” todos a la vez. Ellos que habían vivido juntos necesitaban morir juntos; la luz les esperaba al final de ese encuentro de perdidos…….
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Acerca de Fernando Cruz Bello

Cuarentaypocos, aprendiz de todo y experto en nada. Algún día me gustaría saber algo sobre las nuevas tecnologías en el ámbito de la docencia, que Jonathan Ive me pidiera consejo cada vez que saca un nuevo producto, hablar sobre deporte con Santi Segurola y escribir la mitad de bien que Enric Gonzalez. Otros sueños como jugar algún partido importante con los Lakers o el Madrid, los he dejado apartados momentáneamente.

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