66 años después

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La verdadera patria de una persona son sus recuerdos y sobre todo su infancia, yo lo sé bien porque mi padre me lo ha enseñado. Hace 66 años mi abuelo y mi padre, buscando una vida mejor, tuvieron que dejar su cortijo en Baena. Pero los recuerdos, sobre todo si son felices, son nuestro mejor patrimonio y esos nunca se olvidan.

Al crecer puede que olvidemos cosas, que incorporemos otras, pero básicamente somos aquel niño de nuestra infancia. Estoy seguro de que mi padre fue muy feliz en aquel cortijo de Baena, porque sino es imposible recordar con tanta nitidez aquellos primeros 11 años de su vida: las trampas para cazar pájaros, la comida de su abuela, los cochinos, las bellotas, los juegos con sus hermanos y primos…. mi hermano y yo podríamos escribir un libro con sus historias.

Pues bien, 66 años después de salir de Baena, mi padre ha vuelto a aquel cortijo que tan vivo sigue en su memoria:

Algunas fotos que hizo mi padre durante el viaje:

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Acerca de Fernando Cruz Bello

Cuarentaypocos, aprendiz de todo y experto en nada. Algún día me gustaría saber algo sobre las nuevas tecnologías en el ámbito de la docencia, que Jonathan Ive me pidiera consejo cada vez que saca un nuevo producto, hablar sobre deporte con Santi Segurola y escribir la mitad de bien que Enric Gonzalez. Otros sueños como jugar algún partido importante con los Lakers o el Madrid, los he dejado apartados momentáneamente.

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